
Tanto vale para hablar de los (putos) ODS, como de la digitalización de tal o cual sector o servicio, de esta política progre o de la de más allá. Es, sin lugar a dudas, la frase de la década. El lema del futuro inclusivo por excelencia. El mantra autoritario del socioliberalismo más paternalista.
A mí ya me toca tanto las gónadas esta insistencia retórica en arrastrar a todo dios hacia caminos a cada cual más insostenible y suicida, que me amenazen diciendo «¡No vamos a dejar a nadie atrás!»… que quiero decir alto y claro: ¡Basta ya!, ¡por favor, a mí déjenme atrás! No tengo la más mínima gana de seguirles hacia el precipicio donde termina la delirante carrera hacia el Progreso Perpetuo. No tengo ganas de ser más moderno, más digital, más de nada (de lo que me ofrecen). Mi atrás es mejor que su adelante. Estoy harto de que me progresen. Virgencita, yo quiero quedarme donde estoy, o incluso regresar: unos pasos más atrás del abismo se está bastante mejor.
Vade retro, Progreso!!!
No quiero ir hacia donde va el mundo. Así que déjenme en paz y ¡déjenme atrás!