(Este artículo es una versión extendida del que salió publicado en julio con el título de ««El Ministerio del Futuro» no es la novela que necesitamos (contra el Cambio Climático)» en la revista Papeles, nº 170, pp. 167-177.
Kim Stanley Robinson, 2024 (2020), Minotauro. Rústica, 589 págs., 21,95 €.
Inspirar y explicar
Se ha repetido hasta la saciedad que sin vislumbrar el horizonte hacia el que caminar, no es posible emprender el viaje que como sociedades, incluso como especie, necesitamos realizar para sortear una más que probable extinción. Y se ha invocado a las personas dedicadas a las diversas artes para dibujar dichos horizontes. Quizás acudimos ahora al arte porque vivimos en una época en la que muchas utopías políticas se han dado por muertas y enterradas, a excepción seguramente de la utopía anarquista y de las utopías/distopías reaccionarias de todo pelaje. Sobre la base del sólido conocimiento científico acumulado que proporciona las claves para entender cómo hemos llegado a ponernos al borde del abismo, les pedimos a cineastas, escritoras, poetas o músicos, que nos ayuden a imaginar futuros posibles y deseables, como primer paso imprescindible para su realización. La ciencia también nos proporciona datos, a veces no tan claros, a veces discutidos a nivel académico y social, sobre cuáles de esos futuros no serían verosímiles, es decir, establece lo que podríamos denominar un marco determinista negativo de lo que no podrá suceder. Por eso es crucial que las obras artísticas que pretendan mostrarnos futuros posibles, estén bien informadas. Por desgracia, la famosa novela escrita en 2019 por Kim Stanley Robinson con el título de The Ministry for the Future (injustificadamente traducida en castellano como El Ministerio del Futuro), premiada, traducida por lo menos a 24 idiomas y leída por millones de personas en todo el mundo, falla estrepitosamente en esa misión cultural, en esa aportación útil para nuestra supervivencia.
[Continuar leyendo (PDF descargable en el web de la revista 15/15\15).]