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La Transición será justa… ¿o no será?

eRREJÓN, mARCELLESI... negacionistas climáticos?!En los últimos años está ganando difusión un lema político que dice que «la Transición (Energética) será justa o no será». La hemos oído en boca de sindicatos, activistas y destacados políticos como Íñigo Errejón o Florent Marcellesi, e incluso a activistas y autores del ecologismo social como Samuel Martín-Sosa. No obstante, no tiene el más mínimo sentido y resulta sorprendente en boca de gente que se supone no carece precisamente de alfabetización en cuestiones energéticas.

La ridiculez de esta expresión reside en que da a entender dos cosas, la una vinculada a la otra. En primer lugar da a entender que puede no haber una Transición Energética, lo cual, partiendo de lo que se suele entender comúnmente por Transición Energética, significaría que resultaría factible no abandonar los combustibles fósiles. Dicho de otro modo, la frase conlleva un cierto negacionismo climático, pues negaría que fuese necesario abandonarlos, o bien negaría su finitud (es decir, creerían que son infinitos). Y en segundo lugar, parece poner sobre la mesa una cierta fuerza social y política que sería capaz a oponerse a una transición que fuese injusta hasta el punto de impedirla. Es decir, crea en el imaginario social la idea de una masa de trabajadores que podría poner freno a la transición energética si esta fuese contra ciertos intereses socioeconómicos o laborales (entendidos de una manera sumamente egoísta y controplacista, por cierto, pero eso es otro tema), con lo cual sólo cabría entender que nos forzarían a seguir quemando combustibles fósiles hasta acabar convirtiendo la Tierra en Venus o bien que eso no sucedería nunca (negacionismo climático: «los combustibles fósiles no causan calentamiento global») y que podríamos seguir usándolos como fuente principal de nuestros metabolismos socioeconómicos ad aeternum (negacionismo físico y geológico: «los combustibles fósiles son infinitos»).

¡Claro que la Transición Energética podrá ser injusta! (De hecho lo está siendo ya, y mucho, no sólo a escala internacional —colonialismo extractivista— sino dentro de cada país —coches eléctricos, hidrógeno verde, reparto de fondos Next Generation—.) Parece mentira tener que escribirlo, pero las personas que se adscriben a este slogan deberían tener muy claro que la Transición Energética (si que aún cabe llevar a cabo algo bajo tal nombre, aunque fuese algo muy diferente a lo que nos vende el pensamiento dominante) podrá ser justa o injusta. Y es precisamente esa evidente posibilidad la que nos moviliza en busca de la justicia, es la razón por la que habría que reclamar que sea una transición justa. Pero negar la posibilidad de que no lo sea parece totalmente descabellado a la par que contraproducente para explicar las opciones reales que tenemos como sociedad en estos tiempos decisivos para nuestra especie y, con nosotros, para el conjunto de la Vida en este planeta.

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