No necesitamos una tecnología 5G: necesitamos una ética 7G, una manera de vivir y de tomar decisiones como colectividad que tenga en cuenta hasta la séptima generación despúes de nosotros (por lo menos).

No necesitamos poder descargar en el año 2021 la milésima película que veremos en nuestras vidas en una milésima de segundo: lo decente sería asegurarnos de que una niña del año 2201 dispondrá aún de cierto tipo de ordenador básico en el que poder reproducir un documental sobre las playas que desaparecieron durante el siglo XXI, ver una copia digital de Mi vecino Totoro, escuchar una grabación de las canciones de María Elena Walsh… No necesitamos malgastar una parte irreemplazable de los últimos minerales necesarios para las TIC para facilitar la conducción de un coche autónomo en un momento de la historia en que hay millones de chóferes humanos desempleados capaces de hacerlo sin 5G y sin que les haga falta siquiera llevar un teléfono en el bolsillo. Les vendría mejor a los nietos de las nietas de nuestros nietos disponer de algún sencillo y robusto sistema para comunicarse a distancia a unos pocos kilobytes por segundo. ¿En qué les puede beneficiar a ellos los supuestos beneficios de un despliegue descomunal de nuevas antenas, nuevos dispositivos, nuevos servidores?

Nuestras frivolidades de hoy —objetivamente superfluas y prescindibles, que nadie excepto las empresas que se lucrarán de ello han demandado— se construyen a expensas de las necesidades básicas de hoy pero sobre todo del mañana. Nuestro lujo se lo robamos a nuestra descendencia. Nuestro supuesto progreso es la ruina de la posteridad. Nuestro siempre más será su menos que nunca. La energía no renovable que quemamos hoy no sólo no la tendrán ellas mañana, sino que les dejará un planeta devastado (clima caótico, residuos nucleares…). Nuestra idolatría de la tecnología, de lo moderno porque sí, de cuanto más digital mejor, nuestra megalomanía, nuestra analogicofobia, nuestra patológica necesidad de acumular-usar-tirar, nuestra alergia a lo suficiente, a la moderación, a la precaución y la conservación… alimentarán el reproche eterno de las generaciones venideras.

«¡Maldita sea vuestra 5G y todos los ladrones que la promueven!», nos gritan las voces que aún no han nacido, las voces cuyo mañana estamos saqueando borrachos de hybris.

Sólo cabe la resistencia, por nosotras y por ellas: ser desobedientes objetoras de conciencia ante la tecnología 5G en defensa de la ética 7G.

Manuel Casal Lodeiro, Barakaldo (1970). Escritor, divulgador, activista, aprendiz de labrador y de padre.

2 Comments

  1. Son habas contadas, y a pesar de ello quieren echarlas todas al puchero, sabiendo que quedan sólo una o dos cosechas. Es incomprensible que con lo que sabemos científica y empíricamente sigamos este camino ¿ Estamos condenados a una debacle para aprender lo que ya sabíamos, cuando lo único que no sabemos es si podremos resurgir de ese colapso civilizatorio? La experiencia demuestra que la lucha feroz, las guerras y el exterminio han sido y son la solución acostumbrada. La civilización más técnica y científicamente avanzada no quiere reconocer lo fundamental. Estamos condenados porque no queremos aprender.

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