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La irrealidad de la «Transición Energética»: dos aspectos

¿Transición... energética?
Montaje a partir de una foto de Teresa Ribera, ministra española para la ‘Transición energética’, de Dominique Faget.
Cuando nos hablan de Transición Energética están trasmitiendo la idea de que es factible pasar de un modelo (metabolismo) socioeconómico basado en el petróleo a otro modelo (de parecidas o mayores dimensiones, incluso) basado en energías renovables. Es decir, mantener los más de 150.000 TWh anuales (o, expresado en otra unidad, casi 15.000 millones de toneladas-equivalentes-de-petróleo) pero suministrados a partir mayormente de renovables, las cuales actualmente apenas suponen el 9% a nivel mundial. Este supuesto objetivo tiene dos componentes: 1º) mismo o mayor metabolismo, y 2º) basado en renovables.

Existe un problema fundamental para que dicho objetivo sea verosímil: todas las anteriores transiciones energéticas del metabolismo de las civilizaciones humanas requirieron, al menos, medio siglo para realizarse. Además —y este es un factor crucial para su viabilidad— fueron completadas cuando aún la anterior base energética estaba en su apogeo. Es decir, cuando se pasó de la biomasa al carbón, había suficiente biomasa para alimentar energéticamente la transición al carbón; cuando se pasó a una sociedad basada en el petróleo, había suficiente carbón para alimentar la nueva transición… Pero ahora tenemos el problema de que el petróleo, base energética sobre la que se ha construido la civilización moderna, está en declive: el techo de extracción mundial del petróleo crudo fue en 2006, según reconoció la Agencia Internacional de la Energía. Y aun cuando quisiésemos tomar como referencia todos los combustibles líquidos asimilables al petróleo (lo cual es poco riguroso, pues los pseudo-petróleos no son equiparables ni en uso ni en tasa de retorno energético), estariamos hablando de una meseta ondulante de extracción máxima que se viene prolongando desde 2015 aproximadamente hasta hoy. Si hacemos la resta veremos que deberíamos haber comenzado la Transición Energética… ¡entre 1956 y 1965! Ahora, en 2018, es —con mucho— demasiado tarde. No se puede hacer una transición energética cuando la fuente energética principal actual está comenzando su declive.

Lo único que cabría hacer en esta situación sería variar el otro componente: el tamaño del metabolismo civilizatorio. Es decir, ya que no es factible una transición energética, realizar un descenso energético (ordenado) hasta una dimensión socioeconómica que pudiésemos mantener con las limitadas fuentes renovables disponibles. Recordemos que aunque las energías renovables puedan aparecer en sí mismas como ilimitadas (radiación solar, típicamente), la capacidad que tenemos de captarlas y utilizarlas tiene múltiples limitaciones insuperables.

Así pues, la llamada Transición Energética es sencillamente imposible. Convendría mejor hablar de un decrecimiento, declive o descenso energético, y en consecuencia, de la dimensión y complejidad de nuestro metabolismo social. En paralelo, la sostenibilidad (del sistema actual) es inviable y convendría, como aconseja Dennis Meadows, buscar en su lugar una mayor resiliencia para resistir con el menor trauma posible las consecuencias de dicho descenso a un nivel de uso de energía muchísimo menor.

2 Comments

  1. Más datos que apuntan a la irrealidad de esta supuesta «transición energética». Proceden del IPCC, vía Ferran Puig Vilar, uno de los principales analistas del cambio climático en el Estado Español:

    el coste total anual a invertir/gastar para la transición tendría que ser de 900.000 millones de dólares anuales ¡desde ahora mismo hasta 2050! ¿De dónde saldrá este dinero? Suponiendo que haya energía suficiente como para llevar a cabo tamaña transformación de infraestructuras ¿están contempladas las emisiones que esta fabulosa transformación económico-social va a requerir? ¿Y las inestabilidades sociales que sin duda va a comportar?

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