Tenemos un gravísimo problema cuando el discurso y la práctica de las autodenominados izquierdas son los mismos que los de la derecha al respecto de la cuestión fundamental de nuestro tiempo: pisar el acelerador o el freno del metabolismo de nuestra civilización. La respuesta/propuesta de todos es la misma: crecer, crecer y seguir creciendo a toda costa.
Claro que, con toda probabilidad, la respuesta paliativa que izquierdas y derechas darán ante las consecuencias últimas y más palpables del choque entre esa fe irracional en el crecimiento perpetuo y los límites de la realidad bio-geo-física del planeta, sí que será diferente. Unos intentarán racionar los recursos que queden entonces en beneficio de menos personas, y otros, de más; unos pondrán más exclusión y otros más solidaridad en el reparto de las ruinas. Pero entonces será ya demasiado tarde para marcar una diferencia política que evite las peores consecuencias, los mayores sufrimientos sociales. Habremos perdido demasiadas opciones, tiempo y… recursos que hubieran sido indispensables para crear las nuevas civilizaciones.
Por tanto, la conclusión es desoladora: la izquierda, cuando más tenía que demostrar ser una alternativa al camino marcado por la derecha, está haciendo básicamente lo mismo, demostrando ser tan solo una secta más de la Religión del Progreso Perpetuo, la facción amable del complot contra la vida en el planeta, el ala izquierda del Desastre.
