/

Interpretación sociopolítica del regreso de los zombis

Comprendí, de inmediato, el lamento de Compte sobre el hecho de que los vivos fueran siempre, y cada vez más, dominados por los muertos.

(”Perdidos en el supermercado”, elAjo n.1)

Pese a ser por principio, enemigo de remakes vi hace unos días El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead). Poco después me encontré pensando en cómo se podría analizar este tipo de películas -que junto con Resident Evil (primera y segunda parte) o 28 días después marca un resurgimiento del subgénero- siguiendo el ejemplo de Ignacio Ramonet en su Golosina Visual cuando interpreta el simbolismo de las películas de monstruos de los
años 30 en el contexto de la Gran Depresión, o las de catásfrotes de los 70 a la luz de la crisis del petróleo (la de entonces, no la de ahora)…

No tardé mucho en comenzar a ver que estos seres, los zombis, podían representar muy bien la figura de la masa de egoístas sin personalidad, consumidores teledirigidos, que conforma hoy en día
nuestras sociedades capitalistas occidentales.


Los zombis son ese 90% de la población, que como todo ser adulto mínimamente consciente sabe, está compuesta de idiotas e hijosdeputa, en una mezcla realmente explosiva. Los zombis , pese a ser masa, son individualistas; en todas estas películas nunca vemos a un zombi mirar a otro, reconocer la individualidad de ese otro, su congénere: sólo son conscientes de sí mismos, de su ansia y de su
presa. En ese sentido representan al trepa, al trabajador insolidario que sólo mira por imponerse en ese océano de tiburones con forma humana.

Así pues tenemos una metáfora doble: el consumidor sin cerebro, producto de
la TV y de la publicidad neoliberal; y por otro al trepa individualista sin moralidad ni remordimiento alguno en su escalada social a la cumbre del montón de mierda. Dos caras de la misma moneda acuñada por el
modelo social imperante.

Y ¿a quién tenemos en estas películas haciendo frente al icono de la voraz vacuidad? Es el humano resistente a la avalancha zombi, sumergido durante todo el metraje de la película en la angustiosa precariedad de
encontrar su muerte-en-vida, su total negación, su anulación como ser humano… en menos de un segundo, si tiene un simple resbalón que lo deje a merced de la infección zombi.

El resistente de estas películas es una persona solidaria con sus semejantes (desconocidos compañeros de huida), forzado a redescubrir su humanidad frente al horror de los muertos que caminan, incluso el sacrificio altruista. Los resistentes construyen sus pequeñas fortalezas, sus nichos, proponiéndonos de forma simbólica la resistencia personal al mercado engendrador de zombis. Los humanos defienden sus fortalezas de andar por casa frente a la masa sin cerebro, conviertiéndose en los últimos defensores de una humanidad con
el don del habla (símbolo de la inteligencia, la capacidad crítica, la racionalidad, frente a un mundo irracional que nos lleva a la degradación personal y ambiental), semilla de una nueva civilización, acosada y al borde de la extinción antes de nacer (esa escena del recién nacido ya zombie, de Amanecer de los muertos, adviertiéndonos implícitamente de que estamos trayendo al mundo consumidores para la Máquina).

La mordedura del zombi, momento álgido de terror en estos filmes, simboliza para mí la pérdida de la integridad (rompe nuestra piel, ya no estamos enteros) del ser humano, derrotado por una masa que lo empuja a actuar como ella, a deshacerse de sus ideales personales, sus valores, su personalidad… Es el humano que se corrompe, que se vuelve indigno al someterse al dictado del mercado (de consumo o laboral), víctima de la presión publicitaria y la precariedad. La infección zombi nos contamina de individualismo, y paradójicamente, dejamos de ser individuos para convertirnos en masa-público-audiencia.

Esa conjura de los necios, esa horda zombi, movida por una fuerza invisible (¡el Dios Mercado de los liberal-mundialistas!, el egoísmo, el afán de lucro, el hedonismo…) lucha entre sí como carroñeros, pero
no saben colaborar como las hienas u otros animales necrófagos. Sólo pueden vencer por su número, por lo aplastante de su masa y por su omnipresencia… El mercado, como los zombis en estas películas, está
presente detrás de cada esquina.

Y ¿qué nos dicen estas películas del Estado, de la Autoridad, del Gobierno? Pues que o bien se muestra totalmente impotente (negando habitualmente el peligro, “todo está bajo control”), o bien se convierte en un peligro añadido impidiendo la autodefensa (como ejemplifica ese grupo de militares de 28 días). Es un símbolo de la impotencia (cuando no complicidad) del Estado y la (pseudo)Democracia frente al Mercado. Cuando llega la infección, el Estado de desmorona, corrupto en sus mismas filas, dejando al ciudadano
indefenso y desorientado en manos de la rapiña.

Curiosamente, los resistentes, los supervivientes, enseguida hacen frente a este
abandono organizándose para la defensa y la huida. Adoptan de forma espontánea formas de autogestión asamblearia, igualitaria, libertaria… rompiendo con gran facilidad barreras sociales, raciales, sexuales…
definiendo un objetivo liberador (aunque generalmente desesperado) entre todos.

Por tanto pienso que merece la pena atender esta advertencia implícita en el subgenéro de zombis, abrir los ojos y ver quiénes son realmente los muertos que amenazan con anularnos conviertiéndonos en uno más de los suyos. Resistamos juntos para sobrevivir.

Manuel Casal Lodeiro, Barakaldo (1970). Escritor, divulgador, activista, aprendiz de labrador y de padre.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Lo último de Cultura

Progresismo

Cuando alguien está al borde de un precicipio, lo que tiene que hacer es...