Bueno, después de un largo proceso de preparación hoy he borrado definitivamente mi cuenta en el sistema de mensajería instantánea Telegram.

En el campo en el que te pregunta Telegram por los motivos del borrado de cuenta me he limitado a copiarles uno de los múltiples enlaces en los que se daba la noticia del acuerdo del dueño de Telegram, Pavel Durov, con el tecnofascista de Elon Musk. Y no es que faltasen otros motivos, pero ese fue el que me decidió a dar este nuevo paso en mi exilio digital, tras abandonar Facebook hace años, posteriormente Twitter, y ahora Telegram. Por el camino se me quedan muchos seguidores, pero es algo absolutamente secundario para mí. No puedo seguir trabajando para cierto tipo de gente, me da igual lo que me den ellos a cambio. Llega un momento en que uno tiene que salir de Omelas, por seguridad y por dignidad. No quiero que ninguna inteligencia artificial tenga acceso a mis conversaciones ni a mis datos personales. No quiero colaborar ni lo más mínimo con gente de la calaña de Musk, y Durov al final veo que es otro que tal baila.
Me refugio en las tierras digitales originales del correo eléctronico y de mi propio dominio, en el prometedor Fediverso y en ese sistema de desafortunado nombre y jodida curva de aprendizaje, Matrix, donde había entrado un poco obligado por la conveniencia de estar en contacto con la buena gente de la IDN.
Nos seguimos leyendo/hablando/viendo en otros lares libres lejos de los feudos digitales.