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La irrelevancia de acertar con las fechas del colapso. Una breve respuesta a Emilio Santiago Muíño

Me han pedido algunos compañeros que dé a conocer esta reflexión compartida en el seno de una lista de debate acerca del Peak Oil y del colapso civilizatorio, así que me ha parecido adecuado hacerlo por medio de este modesto blog. Estábamos debatiendo sobre la cuestión de poner fechas a las previsiones que se realizan en estos ámbitos, siguiendo el hilo de un artículo de Emilio Santiago Muíño publicado el año pasado en la revista 15/15\15. Y comentaba yo lo siguiente:


¿Soy el único en ver que hay una paradoja lógica aquí? O ¿quizás es una contradicción que revela una falacia? En cualquier caso es un meollo que nos puede dar la clave para resolver la dichosa disputa de entre partidarios de ponerle fechas a los avisos sobre el colapso y los que opinan que eso no conviene porque se puede volver en nuestra contra si fallamos las prediciones.

Veamos las proposiciones respectivas, las premisas implícitas en este debate:

  1. Decir la verdad no nos gana prestigio, no sirve de nada en términos políticos. Acertar en predicciones no sirve de nada (véase el paradigmático caso de la confirmación de los escenarios business-as-usual de Los límites del crecimiento, realizadas en los últimos años). Vale, creo que todos estaremos de acuerdo en este primer punto.
  2. Poner una fecha y equivocarse (dicen Emilio y otros) es muy grave, porque nos desprestigia. Por tanto hay que cuidarse muy mucho de poner fechas a los avisos sobre el fin del petróleo, sobre el colapso, etc.

Pero digo yo, a la vista de estas dos premisas: ¿cómo es posible, al mismo tiempo, que acertar no aporte prestigio y que equivocarse lo quite? Acertemos o no acertemos, no servirá para el objetivo final (ayudar a que la sociedad reacciones y abandonemos el rumbo de colapso o, mejor ya, tomemos las medidas para prepararnos el impacto). Vamos, que la verdad no nos hará libres. Pero el equivocarnos tampoco no convertirá en más esclavos de lo que ya somos, del pensamiento único dominante.

Creo que aún no nos hemos dado cuenta de que para la comunicación realmente efectiva (en este mundo moderno) es indiferente decir la verdad y acertar, o errar el tiro. Esto no se juega en el terreno del dato: y si bien es cierto que «se equivocan los ecologistas que piensan que con revelar la verdad ya está todo hecho», no es menos cierto que las errar en las predicciones es igual de irrelevante: y me remito a todas las predicciones hechas por economistas convencionales a lo largo de la historia que han fallado, a todos sus modelos econométricos al uso, que han demostrado ser muchísimo peores a la hora de predecir el futuro que el famoso World3 de los Meadows, Randers, et. al. y que, probablemente los nuevos Medeas-World y Locomotion de nuestros amigos de la Universidad de Valladolid.

Lo que marca la diferencia es si el mensaje encaja con el mito (con el relato) dominante o no, no el hecho de que encaje con la realidad. A veces el mensaje que encaja es cierto, otras muchas no, pero cuela y penetra a través del sistema porque no tiene barreras y es efectivo. Otras veces encaja con el mito pero no es cierto, y da exactamente igual: pasa los filtros y se convierte en efectivo. Comprobamos esto en el hecho de que da igual cuántas patrañas o fake news cuente o trasmita un personaje mediático, que seguirá siendo el centro de atención, si su persona y mensaje encajan con el statu quo y con la cultura y el mito dominantes.

Por tanto el debate fechas sí / fechas no, al final me parece bizantino. Sólo nos preocupa a nosotros. Los Meadows, Randers, etc. acertaron en las fechas… y ¿cuál fue el resultado de su acierto? Ha dado exactamente igual que si se hubieran equivocado. Dio exactamente igual durante las décadas en que se pudo hacer algo y da igual ahora que la observación de la realidad ha demostrado que tenían razón. Pero es que la ciencia importa un pepino en este mundo dominado por lo irracional vestido de tecnocracia.

A ver si nos vamos dando cuenta y actuando en consecuencia, abandonando un poco ese terreno de juego con las normas trucadas y pasando a jugar en los terrenos donde de verdad se juega el urgente cambio que necesitamos para sobrevivir.

Es más fácil decirlo que hacerlo, ya lo sé. Pero para poder tener una oportunidad de llegar a hacerlo, lo primero es decirlo.

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