////

Nadie ve el agotamiento del petróleo… ni lo quiere ver (una respuesta a Rosa Arce, de TRANSyT)

Pepe Blanco, Alfonso Gil, José Miñones y Valentín González
Intervinientes institucionales: Pepe Blanco, Alfonso Gil, José Miñones y Valentín González. Foto: ConcelloDeAmes.gal.
Ayer, día 25 de abril, asistí al comienzo de la jornada sobre Movilidad Sostenible que organizada por el ayuntamiento de Ames (A Coruña), tuvo lugar en la localidad de O Milladoiro. Por diversos motivos sólo pude asistir a los dos primeros espacios y a la pausa del café, y me perdí la mesa redonda sobre «Movilidad en el área metropolitana de Santiago», y la de la tarde, sobre «La movilidad urbana sostenible: retos y desafíos». No obstante, fue muy llamativa la total ausencia de una cuestión fundamental para la sostenibilidad de la movilidad (al menos la motorizada) y del trasporte en general: la disponibilidad de los combustibles que mueven aproximadamente el 95% de dicho transporte a nivel mundial, y en concreto el grave riesgo derivado del agotamiento del petróleo. Al menos, estuvo ausente en las todas las intervenciones que pude escuchar: la del alcalde de Ames, José Miñones (quien no puede alegar precisamente desconocimiento del problema); la de Alfonso Gil, teniente de alcalde del ayuntamiento de Bilbao; la del eurodiputado y ex-ministro José Blanco; la del representante de la Diputación de A Coruña, Valentín González Formoso. Ni una sola mención, ni una alusión explícita o implícita.

Lo hice ver en el turno de preguntas, tras agradecer la organización de una jornada en Ames sobre un tema tan relevante, y lancé la cuestión por si querían responder las personas que acababan de intervenir en la ponencia marco: Julián Sastre, consultor en movilidad y presidente del Instituto de la Movilidad, y la profesora de la Universidad Politécnica de Madrid, la ourensá Rosa Arce, nueva directora del TRANSyT (Centro de Investigación para al Transporte, responsable del Observatorio de la Movilidad Metropolitana). Fue esta última quien recogió el guante, quizás motivada porque reconocí que en todo el tecnoutopismo que habían destilado todas las intervenciones hasta el momento, con sus loas a la electrificación de la movilidad (coches, autobuses, bicis y ¡hasta ascensores de plano inclinado!), ella había puesto una nota de realismo advirtiendo de cómo se generaba esa electricidad, pues en España se seguía «quemando carbón a manta».

Rosa Arce, Julián Sastre
Rosa Arce atiende la exposición de Julián Sastre. Foto: ConcelloDeAmes.gal
No obstante, su respuesta fue decepcionante. En primer lugar afirmó que «El agotamiento del petróleo nadie lo ve». A lo cual repuse rápidamente que sí que se veía, al menos desde los estudios de Marion King Hubbert y que los geólogos y otros estudiosos sí lo conocen, comenzando por la Agencia Internacional de la Energía, las palabras de cuyo economista jefe Fatih Birol recordé: «Abandonemos el petróleo antes de nos abandone él a nosotros«, y que esta misma entidad, de referencia internacional en la cuestión energética, había reconocido el Techo del petróleo convencional en 2006. Ella aclaró que se refería a que no lo veía la gente común, mientras la gasolina estuviera barata. Pero, ante esto, me pregunto: ¿acaso cambió algo cuando estuvo más cara, con los precios del barril al doble de lo que están actualmente? Ciertamente unos precios caros de los combustibles no implican necesariamente que la gente «vea», es decir, entienda, que el petróleo está en fase de declive irreversible. Si los poderes públicos y medios de comunicación dan otra justificación, la gente será tan sólo eso lo que vea. Además, aunque la gente común no «vea» un problema… para eso están los observatorios como el que ella dirige, se supone. Para observar y ayudar a interpretar aquellas facetas de la realidad más difíciles y necesarias de entender.

Alegó, así mismo, que había previsiones muy diferentes acerca del agotamiento del petróleo, y que iban cambiando año tras año. Por una parte, obvió el hecho de que por parte de las previsiones de la AIE, estos cambios han ido siempre en la dirección de reducir las expectativas futuras de petróleo disponible, año tras años, informe WEO tras informe. Por otra, el hecho de que no haya consenso o precisión en dichas previsiones no debe hacer que nos encojamos de hombros, y miremos a otro lado, sino que, al contrario, debería aumentar la preocupación y llevarnos a utilizar herramientas de diseño de escenarios para ver qué ocurrirá (sí, también con el trasporte y la movilidad) si se produce un desabastecimiento de petróleo de aquí a N años, como apuntan cada vez más informes de entidades militares, financieras o municipales que sí que están tomando cartas en el asunto, ante la grave dependencia que tienen todos nuestros sistemas modernos de dicho combustible.

Mencionó también, se supone que como argumento para quitar importancia a un «posible» agotamiento del petróleo, el hecho de que EE. UU. se haya convertido de un gran consumidor de petróleo a un gran «productor», gracias al petróleo de fracking, dando como válida la propaganda política de la administración Trump, y demostrando que no ha analizado ni siquiera por encima las gráficas de declive de este tipo de pozos, ni las noticias sobre la quiebra financiera de numerosas empresas que apostaron por esta técnica de extracción de petróleo no-convencional, ni la ruinosa Tasa de Retorno Energético, por no mencionar la grave contaminación que produce (pan para hoy, veneno para mañana).

Finalmente, zanjó mi crítica echando balones fuera: «El agotamiento del petróleo, en todo caso, será un problema no del sector de la movilidad, sino de la sociedad en su conjunto». Y ¡se quedó tan ancha! En mi humilde opinión, es deber precisamente de los técnicos y de las instituciones de investigación, y del mundo académico que se ha marcado como objetivo observar el mundo de la movilidad, vigilar todos aquellos factores que pueden poner en peligro su futuro o que pueden obligar en un futuro más o menos cercano a un cambio radical de modelo. Ella misma, en su intervención, habló de la tendencia a trabajar con el concepto de «resiliencia» de las ciudades, pero relacionó únicamente dicha resiliencia con la amenaza del Cambio Climático. Sin duda, otra amenaza de igual o mayor relevancia, y que revela la baja resiliencia de nuestros sistemas urbanos (también los de movilidad) es el agotamiento de los combustibles fósiles. Creo que su Observatorio de la Movilidad, además de todos los interesantes y útiles datos que proporciona, debería tomar más en serio la cuestión de aquella condición sine-qua-non de la parte motorizada de la movilidad tanto pública como privada. La invito a añadir los indicadores de disponibilidad prevista de gasolina, de gasóleo, de otros combustibles, de generación eléctrica, etc. y a basarlos en fuentes independientes y conscientes de los límites geológicos y físicos del planeta y de sus recursos. Así podremos comenzar a observar, «ver» y entender hasta qué punto es insostenible nuestra movilidad, nuestras ciudades, y el conjunto de nuestro tipo de civilización.

Ah, y también sería bueno recordarle que los precios no funcionan como señal de agotamiento en un bien como es el petróleo, como han demostrado diversos economistas, dado que no es un bien como otro cualquiera, sino una prerrequisito para la actividad económica en su conjunto. Es decir, si la energía se encarece, se provoca una destrucción de demanda, llevándose por delante sectores enteros (como muy bien ha explicado el físico del CSIC Antonio Turiel con su concepto de la crisis en espiral), lo cual provoca un nuevo ciclo de precios bajos hasta que se vuelve a recuperar algo la economía, y de nuevo la demanda choca con una oferta en caída exponencial (de barriles y de energía neta de los mismos), lo cual provoca de nuevo otro hundimiento económico, etc. Si esperamos a «ver» que el petróleo no es infinito mirando tan solo a los precios de la gasolina, puede que nos llevemos una sorpresa cuando simplemente un día lleguemos a la misma y haya un cartel indicando medidas de racionamiento o simplemente que no hay gasolina disponible.

Fuente: Revista 15/15\15.

Post-data: Otra reflexión que olvidé comentar, a raíz de la respuesta de la profesora Arce, es el hecho de que considero que es la respuesta tristemente habitual en un sistema del conocimiento, en una sociedad, donde la hiperespecialización hace que ni miremos ni queramos mirar más allá de nuestro nicho estrechamente acotado de investigación. Es decir, TRANSyT y el OMM han definido su campo de análisis de tal manera que han dejado fuera la cuestión del agotamiento de los combustibles, considerando implícitamente que ya hay otros organismos encargados de vigilarlo. Hasta ahí, nada nuevo. Una falta de visión integral y holística muy peligrosa, pero ya de sobra conocida. Lo grave es que la interacción, la interrelación entre esta variable y la sostenibilidad de la movilidad y el trasporte, se ha dejado también de lado, es decir no se están realimentando entre sí las áreas de conocimiento. De nuevo la trampa de la complejidad, la compartimentalización del conocimiento y de la hiperespecialización que ya denunciara hace tiempo el sociólogo ambiental William Catton.

1 Comment

  1. El petróleo se agotará, eso es una obviedad y quien intente distraer la atención sobre esta obviedad es que está escondiendo algo.
    Distraen la atención diciendo: «No se sabe con certeza si se ha llegado al pico de extracción», «se desconoce la cantidad de petróleo que aún hay por explotar», etc.
    Se acabará, tarde o temprano. Y es ahora, cuando todavía «tenemos fuerzas», que debemos empezar el cambio de modelo.
    El petróleo que ha sido quemado y que se quemará de hoy en adelante, sería mejor utilizarlo para otros menesteres: alimentación, medicinas, textiles, etc., elementos que no están al alcance de la mayoría de la población, a pesar que eso tampoco sea visible desde nuestra posición consumista acomodada.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Lo último de Colapso