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La incapacidad humana de comprender la toxicidad de su propio ambiente artificial

«Lo que no mata, engorda»… «Si no te ha hecho daño hasta ahora, no te lo hará»… «Llevo años comiéndolo/usándolo y no me he muerto»… Son frases que esconden un significado mortal: nuestra especie ha evolucionado conviviendo sólo (o principalmente) con tóxicos presentes en la naturaleza y de efecto agudo, es decir, que mataban o hacían mal de manera evidente y relativamente rápida. No estamos capacitados evolutivamente para percibir ni comprender el concepto de tóxico difuso y persistente (en el medio o en nuestro organismo, es decir, bioacumulable).

Trágicamente la civilización industrial nos ha llenado el planeta, nuestras ciudades, casas, alimentos y cuerpos de miles de tóxicos de efecto sinérgico y acumulable. La inmensa mayoría de los seres humanos son incapaces de asumirlo: pueden escucharlo, entenderlo en un nivel racional y hasta indignarse o preocuparse (momentáneamente) por ello. Sin embargo la reacción que de ahí se deriva concuerda más con la incomprensión que muestran las frases típicas que encabezan este pequeño texto: parece que lo entendemos, pero en realidad no. Y no hacemos nada para librarnos de esa persistente toxicidad, que nos va matando lentamente, como individuos y como especie.

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