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La inefectiva estrategia del logos

Si el sistema hegemónico se fundamenta en premisas esencialmente irracionales y anticientíficas (la posibilidad del crecimiento perpetuo, la infinitud de los recursos, la separación del hombre y su economía del resto de la biosfera, el poder mágico de la tecnología…), ¿por qué pensamos que un llamamiento racional y basado en argumentos científicos podrá evitar el suicidio colectivo al que nos dirige dicho sistema? ¿No será más eficaz apelar al mythos además de al logos, para derrotar a la delirante Megamáquina capitalista-industrial en su propio terreno de juego? Es en ese terreno de las creencias irracionales —y no en otros donde tendríamos ventaja como el sentido común o la ciencia— donde se juega el futuro de la Humanidad.

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La civilización carroñera-reparadora

Nos dirigimos a una nueva civilización que podríamos denominar carroñera-reparadora.

Carroñera porque vivirá de los restos del cadáver de la civilización industrial que ahora comienza aceleradamente a morir, quizás durante generaciones. Nuestros hijos y nietos harán uso duradero y creativo de los millones de elementos industriales que nosotros vamos a dejar. Miles de mercadillos pondrán en circulación los últimos productos producidos por las fábricas antes de su cierre: desde ropa a utensilios de metal o plástico, pasando por todo tipo de elementos no perecederos. Dominará la economía la producción de alimentos y el comercio de productos heredados de la Era Industrial. Así, por ejemplo, no hará falta fabricar una sola tijera durante quizás cientos de años, porque las ahora existentes seguirán disponibles para la civilización que nos suceda. Quién sabe si cuando haga falta fabricar artesanalmente de nuevo una, habrá alguien que sepa hacerlo y el conocimiento se podrá extender de un lugar a otro, de una cultura local a otra. La interrupción del saber tradicional que ha supuesto la civilización industrial-capitalista-consumista al tiempo que ha proporcionado elementos construidos gracias a la inmensa emergía disponible en la Era de la Energía Fósil, obligará a reconstruir innumerables saberes, muchas veces partiendo de cero, si no nos preocupamos ahora de salvaguardar algunos conocimientos básicos de manera eficaz para trasmitirlos a la civilización postindustrial.

Y será reparadora también porque deberá ocuparse, por su propio bien y mera supervivencia, de arreglar el desastre planetario que ha puesto en marcha nuestra delirante civilización, comenzando por la suicida devolución a la atmósfera del carbono secuestrado durante eones en forma de carbón, petróleo y metano. A esto podríamos añadir una vergonzosa lista de destrucción a favor de la entropía: agotamiento de acuíferos, destrucción de suelo fértil, eliminación de la biodiversidad, difusión de contaminantes persistentes (incluidas las basuras radioactivas…), etc. Lo normal es que los padres sean quienes arreglen los desaguisados de sus hijos, las consecuencias de sus irresponsables travesuras de infancia y adolescencia… Pero en ese caso tendrán que ser nuestros hijos y nietos los que arreglen el caos que hemos creado nosotros. En el caso de los residuos radiactivos generación tras generación tras generación se acordarán aún de nosotros y nos odiarán en sus cuentos y canciones como responsables de haber creado zonas malditas en el planeta (donde quien se atreva a entrar contraerá mortales enfermedades) …o quizás incluso algo peor.

…Tristes y duras misiones para una nueva civilización.

(Ilustración: Dave Bezaire & Susi Havens-Bezaire)

Red social vs. comunidad virtual: una victoria léxica neoliberal

La sustitución del término original comunidad virtual (o, alternativamente, comunidad online) por el actualmente triunfante de red social, no es inocente. Supone una clara victoria en la batalla de las palabras por parte del tecnocapitalismo neoliberal, que así consigue eliminar el peligroso concepto de común/comunidad implícito en la denominación original de este tipo de sitios web. Al pensar en red social nos fijamos en la estructura, en el continente, y no en el contenido, en el ente constituido mediante dicha estructura, que no es otro que una comunidad de personas unidas por algo en común.

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De hombres, animales y hongos

El ser humano moderno (y posmoderno) se cree muy listo, excepcional, por encima del mundo natural. Sin embargo nos dedicamos constantemente a imitar arquetípicos comportamientos animales: el no-querer-saber de las avestruces, el machoalfismo de los (otros) grandes simios, el gregarismo de las ovejas, la voracidad de las langostas, la crueldad de lobos, hienas, tiburones o buitres… Pese a eso, sin duda, a quien mejor imitamos como especie no es ningún ser del Reino Animal, sino un hongo: las levaduras del mosto.

(Fuente de la imagen de cabecera: Wikimedia Commons.)

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Los Cuatro Jinetes de la Extralimitación (The Four Riders of the Overshoot)

(Idea procedente de mi texto «Nosotros, los detritívoros».)

Los Jinetes del Apocalipsis son la representación metafórica de los mecanismos de corrección ecológica —conocidos desde la Antigüedad— que se ponen en marcha cuando coinciden una población demasiado densa con una escasez de recursos, es decir cuando se entra en una situación de extralimitación de la capacidad de carga (overshoot).

El profesor Albert Bartlett afirma contundente en el documental Blind Spot (Doring, 2008): “And, of course, if we don’t stop population growth, Nature will. And it’ll be the Four Horsemen of Apocalypse: it’ll be disease, war, famine and that sort of thing”. Dicho documental concluye con la siguiente reflexión de Derrick Jensen: “The World’s saying: ‘Look, you got a choice: you can either fix it or I can fix it. And if I fix it, you’re not going to like it, because I’d through everything away. And ‘everthing’ means most of us.”

La verdadera eficiencia energética

Sabemos que todos los honestamente preocupados por el callejón sin salida energético en que se encuentra la Humanidad, buscan y enarbolan el Santo Grial de la eficiencia energética, pero muy pocos de ellos se fijarán en que una de las medidas más importantes que cabría tomar para buscar esa mitificada eficiencia sería muy simple y no requeriría ninguna nueva tencología: consistiría simplemente en acercar a los seres humanos a los lugares donde se producen los alimentos que consumen.

Esta —en teoría simple, pero en la práctica política y socialmente mucho más complicada— medida de redistribución de la población implicaría un ahorro descomunal en trasporte, procesado, tratamiento, almacenamiento de alimentos. La verdadera eficiencia está en un sistema que acerca los consumidores al producto consumido, es decir, trasladar al ser que se alimenta allí donde está su alimento (una sola y definitiva vez) y no el alimento (miles de veces) a donde está el ser. Vendría a ser, si se me permite la comparación ganadera, como la diferencia entre la ganadería extensiva donde los animales viven cerca de sus pastos, o directamente en ellos, y la ganadería industrial donde viven estabulados (ciudades, en el caso humano) por comodidad de los criadores (nuestras élites capitalistas) y a donde hay que llevar con descomunal gasto energético, piensos cultivados a miles de kilómetros y procesados para facilitar dicho trasporte.

Eficiencia, sí, claro. Pero de la de verdad.

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¿Cómo nos proponen los partidos actuar acerca del «Peak Oil» desde el Parlamento Europeo?

Ayer se publicó en el diario digital gallego Praza Pública un artículo que llevaba semanas preparando acerca de cuáles son las propuestas que nos ofrecen las distintas opciones electorales de cara a la cita del domingo 25. Hoy quiero dar a conocer los textos completos de las respuestas dadas, para quien pudiera querer conocerlas, en formato PDF apaisado.

Hago notar que el artículo también estaba previsto que saliera publicado en castellano en El Diario, pero en el momento de publicar este post aún no lo he visto aparecer. [ACTUALIZACIÓN 2014-05-23: Parece ser que lo publicaron precisamente el miércoles, pero pasó bastante desapercibido en la sección de Galicia, cuando trataba un tema de interés para todos los votantes del Estado y las candidaturas son a nivel español]

¿Es posible evitar el colapso? (Reflexión I)

Dándole vueltas a esa pregunta de cara a la jornada a la que me han invitado el 24 de abril en Madrid, me pregunto de qué colapso hablamos. Quizás, habituados al sistema único (pensamiento único, modelo económico único, cultura única) que ha traído la civilización del petróleo nos hemos acostumbrado a usar el singular, pero si algo terminará con el fin del petróleo (barato, en principio; más tarde el fin absoluto del uso del petróleo) será esa uniformidad, ese monolítico sistema-mundo que conocemos por diversos nombres, p.ej. la civilización industrial-capitalista. Con el fin de la globalización, los sistemas sociales y económicos dejarán de estar sincronizados e hipervinculados por flujos permanentes de materiales, energía, dinero y personas. Aunque no todos los flujos se rompan simultáneamente ni lo hagan a la vez en todos los lugares, sí que comenzarán a surgir de nuevo diversos sistemas (nuevos sistemas-mundo o sistemas-biorregión, quizás con más propiedad) que irán divergiendo cada vez más a medida que cada lugar del mundo deba buscarse la vida sin petróleo, sin mundialización, sin comercio internacional, sin export-import como base del desarrollo. Entonces ¿cabría hablar de el colapso o más bien de los múltiples colapsos, a diversos niveles y en diversos tiempos y lugares? El colapso no será simultáneo ni ubicuo: a diferentes ritmos, con diferentes profundidades, el modo de vida que conocimos durante el último siglo irán desapareciendo dando lugar a formas probablemente muy diversas en cada lugar, adaptadas a sus características biofísicas, a sus propios recursos, a su propio devenir socio-político-económico; es decir, volveremos a lo que fue la norma durante el resto de la historia de la humanidad. Lo que venimos llamando muchos El Colapso será en realidad un prolongado proceso de colapsos mayores y menores, aquí y allá, hasta que un mundo totalmente nuevo emerja de las cenizas del capitalismo industrial. Un mundo que será terrible o esperanzador también según el lugar y el momento. Un mundo que tenemos que construir en cada lugar desde ya mismo. El colapso ha comenzado: el nuestro y el de millones más.

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Quizás la principal razón por la que vamos derechos al abismo

Leo en la p. 173 de Los límites del crecimiento retomados, de Ugo Bardi un fragmento de entrevista con Milton Friedman procedente de Economists and the Environment (Ravaioli & Ekins, 1995) acerca de la situación del petróleo, muy interesante de repasar ahora a la luz del nivel de precios desde 2007:


FRIEDMAN: Si estuviéramos viviendo del capital, el precio de mercado aumentaría. El precio de los recursos realmente limitados aumentará con el tiempo. El precio del petróleo no ha ido en aumento, por lo que no estamos viviendo del capital. Cuando esto ya no sea así, el sistema de precios hará una señal y el precio del petróleo subirá, como siempre sucede con un recurso limitado.
RAVAIOLI: Por supuesto, el descubrimiento de nuevos pozos de petróleo ha llevado a la ilusión de petróleo ilimitado…
FRIEDMAN: ¿Por qué dice una ilusión?
RAVAIOLI: Porque sabemos que es un recurso limitado.
FRIDMAN: Discúlpeme, pero no es un recurso limitado desde el punto de vista económico. Muchos de los errores que la gente comete vienen de ahí. Como las estúpidas proyecciones del Club de Roma: utilizaron un enfoque puramente físico, sin tener en cuenta el precio. Hay muchas fuentes de energía, algunas de las cuales resultan demasiado caras de explotar hoy en día. Pero si el petróleo escasease se explotarían. Pero el mercado, que es afortunadamente capaz de registrar y utilizar el conocimiento ampliamente disperso y la información de personas de todo el mundo, tendrá en cuenta dichos cambios.

Desde luego si los padres de la ideología que ha dominado el mundo desde la década de 1980 —además de lo peligrosos que han demostrado ser defendiendo todo tipo de dictaduras mientras soporten el capitalismo— son capaces de tal grado de necedad, no es de extrañar que vayamos de cabeza al abismo más absoluto.