¿Es posible evitar el colapso? (Reflexión I)

Dándole vueltas a esa pregunta de cara a la jornada a la que me han invitado el 24 de abril en Madrid, me pregunto de qué colapso hablamos. Quizás, habituados al sistema único (pensamiento único, modelo económico único, cultura única) que ha traído la civilización del petróleo nos hemos acostumbrado a usar el singular, pero si algo terminará con el fin del petróleo (barato, en principio; más tarde el fin absoluto del uso del petróleo) será esa uniformidad, ese monolítico sistema-mundo que conocemos por diversos nombres, p.ej. la civilización industrial-capitalista. Con el fin de la globalización, los sistemas sociales y económicos dejarán de estar sincronizados e hipervinculados por flujos permanentes de materiales, energía, dinero y personas. Aunque no todos los flujos se rompan simultáneamente ni lo hagan a la vez en todos los lugares, sí que comenzarán a surgir de nuevo diversos sistemas (nuevos sistemas-mundo o sistemas-biorregión, quizás con más propiedad) que irán divergiendo cada vez más a medida que cada lugar del mundo deba buscarse la vida sin petróleo, sin mundialización, sin comercio internacional, sin export-import como base del desarrollo. Entonces ¿cabría hablar de el colapso o más bien de los múltiples colapsos, a diversos niveles y en diversos tiempos y lugares? El colapso no será simultáneo ni ubicuo: a diferentes ritmos, con diferentes profundidades, el modo de vida que conocimos durante el último siglo irán desapareciendo dando lugar a formas probablemente muy diversas en cada lugar, adaptadas a sus características biofísicas, a sus propios recursos, a su propio devenir socio-político-económico; es decir, volveremos a lo que fue la norma durante el resto de la historia de la humanidad. Lo que venimos llamando muchos El Colapso será en realidad un prolongado proceso de colapsos mayores y menores, aquí y allá, hasta que un mundo totalmente nuevo emerja de las cenizas del capitalismo industrial. Un mundo que será terrible o esperanzador también según el lugar y el momento. Un mundo que tenemos que construir en cada lugar desde ya mismo. El colapso ha comenzado: el nuestro y el de millones más.

MiltonFriedman

Quizás la principal razón por la que vamos derechos al abismo

Leo en la p. 173 de Los límites del crecimiento retomados, de Ugo Bardi un fragmento de entrevista con Milton Friedman procedente de Economists and the Environment (Ravaioli & Ekins, 1995) acerca de la situación del petróleo, muy interesante de repasar ahora a la luz del nivel de precios desde 2007:


FRIEDMAN: Si estuviéramos viviendo del capital, el precio de mercado aumentaría. El precio de los recursos realmente limitados aumentará con el tiempo. El precio del petróleo no ha ido en aumento, por lo que no estamos viviendo del capital. Cuando esto ya no sea así, el sistema de precios hará una señal y el precio del petróleo subirá, como siempre sucede con un recurso limitado.
RAVAIOLI: Por supuesto, el descubrimiento de nuevos pozos de petróleo ha llevado a la ilusión de petróleo ilimitado…
FRIEDMAN: ¿Por qué dice una ilusión?
RAVAIOLI: Porque sabemos que es un recurso limitado.
FRIDMAN: Discúlpeme, pero no es un recurso limitado desde el punto de vista económico. Muchos de los errores que la gente comete vienen de ahí. Como las estúpidas proyecciones del Club de Roma: utilizaron un enfoque puramente físico, sin tener en cuenta el precio. Hay muchas fuentes de energía, algunas de las cuales resultan demasiado caras de explotar hoy en día. Pero si el petróleo escasease se explotarían. Pero el mercado, que es afortunadamente capaz de registrar y utilizar el conocimiento ampliamente disperso y la información de personas de todo el mundo, tendrá en cuenta dichos cambios.

Desde luego si los padres de la ideología que ha dominado el mundo desde la década de 1980 —además de lo peligrosos que han demostrado ser defendiendo todo tipo de dictaduras mientras soporten el capitalismo— son capaces de tal grado de necedad, no es de extrañar que vayamos de cabeza al abismo más absoluto.

«Nosotros, los detritívoros» continúa su difusión y se publica en ATTAC y Rebelion.org

La difusión que está alcanzando mi artículo Nosotros, los detritívoros demuestra lo que decía en su momento: es el texto más importante que he escrito jamás. Mientras preparo un nuevo web dedicado a recopilar las diferentes versiones que existen ya de dicho texto, junto con reseñas, citas, bibliografía, etc., quería informar sobre su publicación durante este mes de febrero en dos importantes medios online alternativos ya veteranos y que llegan a miles de personas en todo el mundo: el boletín electrónico El Grano de Arena, de ATTAC, y el web Rebelion.org. En ambos ha salido publicada una versión resumida —Nosotros, los detritívoros (síntesis)— por Susana Merino, la editora de El Grano de Arena. Agradezco enormemente a Susana su labor de síntesis y la difusión que le está proporcionando a mi texto.

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«Los detritívoros»: ¿un texto desmovilizador?

Me cuentan que en algún ámbito del ecologismo social más consciente donde se ha difundido mi artículo Nosotros, los detritívoros, publicado el pasado mes de enero en EcoPolítica, ha causado un considerable impacto pero que, al mismo tiempo, ha sido calificado de peligroso pues supuestamente podría provocar desmovilización.

No tengo muy claro si esa desmovilización se refiere a que el texto podría llevar a tirar la toalla a personas ya implicadas hoy día en alguna lucha social o ecológica, o si más bien quiere decir que el gran público, ante tales noticias, podría pensar que no vale la pena implicarse en esas luchas pues está ya todo perdido. Sea cual sea el caso, o incluso si la supuesta desmovilización se refiere a ambos casos, me gustaría dar unha breve respuesta a esas opiniones.

En primer lugar considero que mi texto puede ser considerado desmovilizador en todo caso en igual medida que lo pueden ser otros del ecologismo radical o profundo de estos últimos tiempos, como podría ser el texto de Paul Kingsnorth titulado Ecología Oscura (y otros textos del Dark Mountain project), y en ese sentido no es algo que quepa achacar especialmente a mi artículo. Este texto forma parte de otras líneas de pensamiento y análisis que vienen surgiendo desde hace ya tiempo, quizás décadas, y que deberían ser ya de sobra conocidas en estos ámbitos.

Por otra parte, quiero explicar que el texto en su formato inicialmente presentado a EcoPolítica carecía de propuestas que pudiesen ser calificadas de respuestas a la situación que describe la parte inicial del artículo. Es decir, que el texto sí hace finalmente —por sugerencia de Florent Marcellesi— algunas propuestas, aunque —como explico en el prefacio de la edición en libro que estoy preparando para Ediciones Touda— no sean más que un mero esbozo. No pretende, en definitiva, ser un texto pensado directamente para movilizar a activistas o público en general, sino un primer paso: la necesaria y dura reflexión, el debate sobre el tabú poblacional —entre otros aspectos del colapso—, la fase de pre-ocupación… ya que sin preocuparnos, ¿cómo podemos ocuparnos (de reaccionar ante la situación)?

Por ello trato en el artículo de identificar los obstáculos que deberíamos superar (eso es todo lo contrario de una desmovilización, creo yo, pues son estos obstáculos los que nos inmovilizan como sociedad), y pese a las dificultades, pese a lo improbable del éxito, cuál sería el camino que seguir tanto para un cambio desde arriba (“una política de Decrecimiento democráticamente gestionado —que podríamos llamar quizás ecosocialista— contra una política omnicida dirigida por un capitalismo salvaje en caótica descomposición”) como para una supervivencia desde abajo (que “permitiría al menos la supervivencia de parte de la especie, junto con los saberes y los aspectos de nuestras culturas tradicionales que fuesen de ayuda a los supervivientes de este gran colapso ecosocial”).

¿Desmotiva quizás el texto a quien piense que con sus cambios de hábitos personales está logrando algo? No, porque pese a advertir claramente de que no es suficiente, sí que lo califico como un paso imprescindible.

Tal vez la desmovilización que produce en realidad es la que nos podría llevar a muchas de las personas implicada de una u otra forma en el combate de los efectos omnicidas de la civilización industrial-capitalista, a renunciar a estrategias convencionales y a repensar todo nuestro activismo. En ese sentido sí que podría ser demoledor. Pero a mi entender lo que debe surgir de ese tambalearse de la acción convencional de la izquierda y del ecologismo sería unha nueva y reforzada estrategia, que no pretendo marcar rígidamente en el artículo pero sí apuntar algunas posibles alternativas:

  • Avanzar con mucha mayor urgencia en la trasformación ecosocialista (como la que propone Jorge Riechman entre otros).
  • Considerar como inviable la lucha por la sostenbilidad, como sugiere Dennis Meadows, y centrar todas las fuerzas con urgencia y decisión en la construcción de resiliencia comunitaria.
  • Dar por perdida la civilización actual y dedicarse a la creación de refugios de la vida y de lo mejor de la cultura humana, como propone Kingsnorth y como también presentan como opción autores centrados en la cuestión del Peak Oil y el colapso civilizatorio como Richard Heinberg, John Michael Greer, David Holmgren

Alertar sin medias tintas sobre la situación actual suele considerarse peligroso en tanto que puede producir parálisis (el propio Riechmann en alguno de sus textos apunta en esa dirección), pero eso sólo es así cuando la persona que recibe el mensaje percibe que no puede hacer nada. Hemos hablado de esto en la Guía para o descenso enerxético, haciendo referencia al modelo EPPM de Kim White que describe las fases y ciclos mentales necesarios para pasar del conocimiento del riesgo a la actuación frente a él.

Nosotros, los detritívoros pretende advertir, por tanto, de lo que va a venir, no para que nos resignemos sino para que seamos conscientes de cuáles son nuestras opciones reales en un futuro muy distinto al que nos pintan los que guían la nave (en rumbo de colisión) y seguramente muy distinto al que pensamos estar construyendo (o que pensamos poder construir, más bien) desde la izquierda y el ecologismo. No es desde luego un cambio fácil en nuestro modelo mental y chocará con múltiples obstáculos psicológicos y psicosociales hasta que logre ser asumido y provocar cambios que ayuden a la supervivencia (y, quizás, con suerte, también a la emancipación). Sobre todo debe permitirnos conocer los caminos que llevan al infierno, para evitarlos, como decía Machiavelli según me ha recordado en alguna ocasión Riechmann. En este caso el infierno está apuntado en mi texto y también en la Guía que he mencionado y otros textos míos, cada vez con más claridad y rotundidad: el futuro estará marcado por una lucha entre un poscapitalismo genocida, fascista o neofeudal, y su alternativa también poscapitalista pero emancipadora, comunal, local y solidaria no sólo con el resto de congéneres que ahora mismo (super)pueblan el planeta, sino con las futuras generaciones.

Insisto: no propongo una renuncia a la lucha sino un radical replanteamiento de las estrategias para ajustarlas a un escenario más realista, aunque inevitablemente más dramático. Dejar de luchar contra el colapso puede parecer a muchos una amarga rendición —ya lo advertía Kingsnorth— pero asumir el colapso como salida puede abrir perspectivas que nunca antes estuvieron a nuestro alcance, seguramente muy diferentes a las que anhelábamos hasta ahora pero no necesariamente peores. ¿Qué puede ser más movilizador que el llamamiento a crear un nuevo mundo, por más que implique dar este por perdido?

Quisiera finalizar incluyendo aquí un texto del epílogo de mi breve ensayo, en su versión actualizada (para el librito que sacará Touda en castellano y Ediçoes da Terra en portugués):

En definitiva, estamos ante un gravísimo dilema, que algunos intentamos superar sin abandonar totalmente ninguna de las estrategias, procurando no poner todos los huevos en la misma cesta y combinando la lucha para el cambio que sería necesario a nivel social (macro, global) —siendo conscientes de lo improbable que resulta— al tiempo que promovemos proyectos de preservación científico-cultural y de anticipada supervivencia comunitaria (micro, local). Quizás la manera de resolver el dilema sea dotar a esos proyectos salvavidas de la revolucionaria capacidad de ser replicados rápidamente a nivel local, biorregional y mundial —o al menos sus principios— para así contribuir de una manera alternativa al cambio real, no intentando trasformar un sistema que, en primer lugar, no se deja —demasiadas resistencias y características inherentes que impiden el tipo de cambio necesario— y que, en segundo lugar, es demasiado complejo, sino buscando impulsar —más bien creando— el cambio mediante la construcción de espacios funcionales para que la gente ocupe cuando sea expulsada de una civilización que se derrumba sobre sí misma, es decir: una red de núcleos difusores de resiliencia, de islas de neguentropía, de icarias autogestionarias y autosuficientes, de microsociedades resilientes basadas en el equilibrio con la naturaleza, en un metabolismo socioeconómico de base solar, y en una nueva/antigua cultura de respeto a la Tierra y a las generaciones que la habitarán en el futuro.

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Salvar o mundo?

Non, o mundo non ten salvación posible. Non este mundo, ese sistema-mundo industrial-capitalista: está fisicamente condeado. Ten as mesmas posibilidades de salvarse ca un coche sen freos costa abaixo, ca un tren a toda máquina cando chega ao final da vía…

Se cabe facer algo non é salvar este mundo, senón crear outro que habitarmos.

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Salirse del capitalismo es la huelga definitiva

¿Boicotear a una empresa? ¿Dejar de comprar un día, una semana? ¿Huelga de consumo? ¿Hacer huelga en una empresa? ¿En un sector? ¿Un paro parcial, quizás? ¿Huelga general? ¿Por qué indefinida y no definitiva?

Dejar de participar en el sistema capitalista como consumidores y productores, desconectarnos para siempre de su sistema de propaganda y alienación cultural, salirnos de su juego, es la huelga definitiva que podrá acabar con él si es replicada por el suficiente número de personas. E incluso mientras no se alcance dicho número, beneficiará en todo caso a cualquier persona que la practique pues la liberará del sistema y la preparará para su inevitable derrumbe, que llegará más pronto que tarde, ejercitando la resiliencia personal, familiar, comunitaria. Todos al final deberemos aprender a vivir sin capitalismo y fuera del modo de vida industrial: hacerlo anticipadamente será hacerlo en mejores condiciones y disponer de más tiempo y recursos para facilitar la transición al poscapitalismo/postindustrialismo.

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The ‘Strawberry Strategy’

Our industrial civilization is like a gigantic strawberry plant growing for quite long in a pot full of rich manure. But the pot is a closed container and eventually the plant will reach its limits; soon, the substrate will be exhausted and, without nutrients, the enormous plant will surely die. Petroleum and methane are our nitrogen; metal ores and other critical minerals are our potasium; phosphorus… well, phosphorus is our phosphorus too in the industrial agriculture, and it’s starting to deplete. And this plant is running too short of all of them.

Our strategy should be the same that real strawberries have in nature: they cast out a part of themselves, reaching out for new niches where a future new plant will develope independently from its mother plant: it’s called a runner. So, we should be the runners out of this dying civilization, taking roots outside the depleted pot of fossil fuels and industrial materials, and starting again to spread over our primal soil, from which the industrial gigantic strawberry first came, as a runner itself, back then at the dawn of Industrial Revolution. Our little energies should be best invested in this stoloniferous approach than in trying to save the unsustainable original plant.

We’d better have a lot of different runners, growing from all sides of the mother plant, each trying a different local new substrate but all of them rushing to root soon before the mother plant is completely dead, so we can let our connection with it just die.

Let’s be the post-industrial runners, let’s be the stolons out of this dying civilization!


Nuestra civilización industrial es como un gigantesca planta de fresa que ha crecido en una maceta repleta de rico abono. Pero la maceta es un recipiente finito y llegará el momento en que la planta alcanzará sus límites; pronto, se agotará el sustrato y, sin nutrientes, la enorme planta morirá sin remedio. El petróleo y el metano son nuestro nitrógeno; las minas de metales y otros minerales críticos son nuestro potasio; el fósforo… bueno, el fósforo es también el fósforo en la agricultura industrial, y está comenzando a agotarse. A esta planta se le están acabando todos ellos.

Nuestra estrategia debería ser la misma que la de las fresas reales en la naturaleza: emiten fuera parte de sí mismas en busca de nuevos nichos donde una futura planta podrá desarrollarse de manera independiente de su planta madre: es lo que llamamos un estolón. Así pues, deberíamos ser los estolones que abandonen esta civilización moribunda, enraizándonos más allá de la agotada maceta de los combustibles fósiles y los materiales industriales, y comenzando de nuevo a extendernos sobre el suelo originario, el mismo del cual surgió la propia fresa industrial gigante, ella misma un estolón, allá por los albores de la Revolución Industrial. Nuestras escasas energías estarían mejor invertidas en esta estrategia estolonífera que en el inútil intento de salvar la actual e insostenible planta.

Lo idóneo sería que tuviésemos multitud de diferentes estolones, surgiendo de todos los lados de la planta madre, cada uno intentando enraizar en nuevos sustratos pero todos ellos apresurándose por hacerlo antes de que la planta madre esté completamente muerta, de modo que podamos dejar que nuestra conexión con ella simplemente se seque.

¡Seamos los estolones postindustriales, seamos los estolones que abandonen esta civilización condenada!

(Sources for illustration: Wikimedia Commons.)

El gran reto de la civilización que nos suceda

La civilización (seguramente civilizaciones) de los seres humanos que sobrevivan al cuello de botello evolutivo consecuencia del colapso de la actual civilización industrial tendrá un enorme reto si quiere sobrevivir en el tiempo y ser verdaderamente sustentable. Ese reto será nada menos que evitar la trampa de la complejidad en la que cayeron una tras otra las civilizaciones que se han sucedido en la historia hasta nuestros días: es decir, deberán aprender a resolver problemas sin aumentar su propia complejidad y, como consecuencia, su necesidad de consumo energético y de recursos. Sólo luchando permanentemente contra esa tendencia podrán evitar entrar en la cuesta abajo que nos ha traído hasta el precipicio que ahora vemos asomarse bajo nuestros pies.

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«Nosotros, los detritívoros». La revista EcoPolítica publica mi texto más importante hasta la fecha

Nosotros, los detritívoros es, probablemente, el texto más importante que he escrito en mi vida.

Tras una versión previa que fue publicada en gallego por Praza Pública el 7 de agosto del año pasado, acometí durante los siguientes meses su ampliación y revisión para ser publicada en castellano. Finalmente ha sido EcoPolítica, la revista digital que coordina Florent Marcellesi quien lo ha publicado. Espero sinceramente que el texto llegue al máximo número de personas, porque pienso realmente que necesitamos ser tener plena consciencia de hacia dónde nos dirigimos y comprender cómo hemos llegado a este callejón sin salida.

Recomiendo su lectura pausada y, sobre todo, acudir a los autores en cuyos trabajos he basado la información que aporto. Si quieres imprimirlo, hazlo mejor desde la versión en PDF: Nosotros, los detritívoros.

(Fuentes para la ilustración: Wikimedia Commons.)